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"La imaginación precedida por la palabra hizo que también la palabra precediera a lo imaginado, siempre hubo de coexistir entre ellas esa competencia sutil, y en aquellos casos que se buscó la preeminencia por alguna de ellas, ambas se prestaron a la dialéctica de luces y sombras dada en el anhelo de la mujer como en el deseo del hombre, para dilucidar el privilegio del preceder o ser precedidas. Donde tal juego de luces, penumbras, del tierno abrazo o del ímpetu salvaje, entre, bajo o sobre las sabanas y los desnudos cuerpos, la imaginación no hizo más que materializar lo que en pensamiento se hubo de concebir", señala el escritor.
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