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Recinto que se halla repleto a ambos lados, con el alumnado de la escuela, invitados y autoridades presente, comienza lenta pero firme la siguiente confesión, el haber “profanado” la más maravillosa vocación del ser humano, ser docente, por haber traicionado sus valores, por su rigidez e inflexibilidad para con sus alumnos, no por nada le habían bautizado con el mote de "El Himmler del quinto curso", él había sido en esa noble vocación un ¡fracaso total!, no era querido, ni respetado, era evitado y rechazado, pero algo mágico ocurre en ese doloroso reconocer, provoca en la audiencia un giro inesperado al haber dicho lo que dijo, lo cual genero admiración, reconocimiento y sobre todo “respeto”, el profesor Crocker-Harris, no logra el respeto por su sapiencia, capacidad o carisma, sino por exponer públicamente su dolor, su equivocación e incluso su miserabilidad.
¿Qué significa el respeto?, se trata de un reconocimiento acerca de alguien para con alguien, reconocimiento a un trabajo silencioso, sin luces, en la profundidad de una tarea que acompaña un existir noble, digno, merecedor pero lo curioso es que el respetado con ese hacer “inunde” con un efecto desconocido a quien respeta, porque el respeto devela una extraña -simetría- entre dos o más personas entre sí, se trata del respetado y de quien respeta, el respetado de alguna forma con su hacer, inunde la conciencia del tercero y este, termine por reconocer con el término de respeto. Y como algo opuesto señalamos al “indigno”, es quien -no puede- respetar por no estar capacitado -moralmente- para hacerlo, el indigno, solo puede reconocer el miedo que le provoca el mafioso, el matón, el policía, estos deleznables por la labor que hacen, ir en contra de la condición humana noble, moral y respetuosa, personas que para sus fines espurios provoquen miedo, generen aprehensión, amenacen, maten, asesinen, repriman y torturen.
El respeto o su falta, permite traslucir algo oculto en donde se vive, se habita, se trabaja, hablamos de lo “indigno” como espacio inmoral -reinante-, que subyace agazapado como significa el políticamente correcto y justificación a cualquier acción, la interpretación del pobre como vago, indolente y perezoso, del relacionar la riqueza con el “ser” una mejor persona, caer en la prostituta pero “no” en el cliente, el naturalizar la corrupción, entender al estado para el propio veneficio, apostarle al caballo del comisario, hacerse amigo del juez etc., y si le resultan acertadas y obvios los ejemplos, entonces, no le dé más vuelta, usted vive en un contexto inmoral.
¿Lo inmoral es delictivo?, ¡no!, claro que no, excepto la corrupción, pero ¿si -no es- delictivo?, entonces, ¿cuál es el problema?, que lleva a la condición humana a sufrir la dialéctica de -lo digno y lo indigno-, y nos transporte a la pregunta por el significado del ser digno, se trata del ser valioso como condición humana, valiosa de por sí, pero que el indigno anula, por eso el respeto honra lo digno que somos, respeto o el venerable brillo de lo que somos.
El respeto humilla, ¿lo sabias?
Juan Oviedo
SiGesellnoticias
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