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21/02/2026 - ESPECIAL - escribe Juan Oviedo

El alimento de si

Juan Oviedo nos deja aquí su columna de opinión
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El -uno mismo-, tan ponderado como símbolo de originalidad no sirve de nada porque en sí mismo, es una ciega presencia desordenada bajo influjos repetitivos, costumbristas y mecanicistas de actuar. En suma, es un interesante recipiente de algo que ¡sí!, es lo importante y se trate de la “energía”, esta es la fuerza por el cual ese sí mismo se alimente y posea sentido como tal, porque esa energía debe operar en donde esta y reside, el sujeto humano.

Las expresiones de esa energía en lo mundano están presentes en todas las fases creativas y ruptural con los moldes preestablecidos de la cultura, las ideas, los inventos y la propia realidad, el artesano, el docente, el pensador, el músico actúan conforme a un sí mismo cuya energía se convirtió en -pasión-. El sí mismo queda arrobado bajo la instancia de lo pasional que dinamiza, genera, provoca con su sola presencia el hacer en lo mundano, la pasión es base y fuente del hacer, todos los creadores saben de qué se trata esa pasión.

Por supuesto, el sí mismo queda al servicio de ella y semejante conjunción es una luz para el propio individuo, sabe que hacer, donde dirigirse, como actuar, una estructura queda clara la triada entre sujeto, energía y mundo. Desde esa pasión, el sí mismo queda subordinado, desde ahí brotan los elementos por el cual algo es personal, se trata de uno y no de otro, la individualidad adquiere ese valor y distinción porque no todos crean, ni inventan o piensan alguna originalidad y por eso, el alimento de si queda vinculado con un existir intenso, profundo y nuevo.

¿Entiendes?, vives con pasión, pero ¿y qué significa eso vivir con pasión?, “padecer” interiormente eso que te impulsa a actuar, padeces el amor, su perdida, padeces la búsqueda que no has encontrado, el impulso hacia algo no claro, la ilusión tras su propia quimera, porque ese sí mismo queda conmocionado por ese brote al cual -si o si- debes obedecer, la pasión se impone porque no es deseo, a este se lo puede relegar, pero a la pasión ¡no!

Lo cual -vivir originalmente- te lleve al padecer, ese viaje de ida bajo la pasión e inicial provocación de luz posee la carga existencial señalada de los desasosiegos, ansiedades y angustias, entonces, la reflexión viene sola, mejor vivir sin pasión que con pasión, pero con tal respuesta ese sí mismo entre en los “derroteros” de los entretenimiento, ocupaciones mecánicas, consumir lo que sea, futbol, redes, autoayuda, drogas, sexo, alcohol, embotaciones de todo tipo, religión, política, éxito, y vivir la “dulce” instancia lejos de lo pasional.

Lo que genera la pregunta por esa energía ¿qué pasa con ella?, el envase la agota porque se nutre de ella y no al revés, la energía nutrir al sí mismo como su propio alimento, por el cual cesan las creaciones y prolifera la gente militante, los del sentido común, los adeptos a los ismos, los que imitan, repiten y adictos a la imagen.

Energía, nuestro espíritu.

Juan Oviedo

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