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En esa ausencia, ¿la gente lo extraño como dirigente?, ¿cómo el sujeto que iba a producir cambios o lo que sea?,¡no!, ¿y por qué?, porque fue parte de otra apuesta electoral, entonces que apareciera o desapareciera no le iba a cambiar la vida a nadie.
Bolsonaro en su campaña acuño otra interesante frase: “Voy a recuperar cada metro, cada calle, cada barrio y cada territorio que fue tomado al pueblo brasileño";, el problema que siempre lo dijo teniendo por eje su condición de posible presidente, pero, ¿no podría haberlo intentado como simple dirigente, ciudadano o mero vecino?, ¡no!, porque se fue de Brasil, otro que la derrota vació.
Lo que nos lleva a la cuestión acerca de estos bien intencionados, patriotas, dirigentes y cuanta cosa más, que los determina a todos con algo en común, ser la panacea si son elegidos, pero de -no serlo-, ya no son nada. Dejaron de ser lo que eran y nos hace sospechar ¡que jamás fueron!
Presentados como salvadores, mesiánicos, bienhechores, lo son, pero desde la ficción del montaje electoral y nos muestra la realidad del político, la de ser una esfinge.
¿Recuerdan la Esfinge de Tebas?, quien infundía terror mediante el engaño intelectual y en nuestros políticos se torne el -nosotros o ellos-, mostrarse como racional, comprensivo, interesados ante los problemas de los demás, operen lo mismo que la esfinge, llenar de acertijos para que los votantes no logren descifrar la “trampa” detrás de escenarios, caravanas, movilizaciones y mostrarse como lo que -no son-.
Entonces usted lucido me dice: ¡y que de los que llegaron!, como De La Rúa, Fernández, Macri, ¿qué hicieron con sus postulados después de ser presidentes?, estadistas, reserva moral de la República o cabales representantes de la palabra hueca, quienes convirtieron sentidos profundos en ideas triviales, clichés y consignas abstractas como ";el cambio"; "el futuro"; o "la gente", bajo el único fundamento: “su” decir como algo incuestionable.
Y nos muestra lo que esos tipos y tipas en el fondo son: megalómanos, calculadores, trepadores, vanidosos, frívolos por actuar presumidos de sí, bueno, a ellos se les destina un poder, a ellos usted vota, pero ¿no hay nada más en el fondo que nos explique este eterno derrotero de lo mismo?
Quizás, más allá de la simpática frase de Magnetto del -cargo menor-, la frase de la señora Fernández acerca del poder real de las corporaciones, mercados y medios, se encuentre la respuesta.
La trampa burguesa en todo su esplendor con su tramposo estelar.
Juan Oviedo
SiGesellnoticias